23 dic. 2010

Elena

Su mirada recorria aquel rostro que se reflejaba en el espejo - soy tan estúpida -; su pálido y poco agraciado rostro, reflejaba el dolor, que la chica sentía.
Los recuerdos la invadían, como pequeños puñados de hormigas, llenas de veneno; las cuales, encajaban sus pequeñas tenasas contra su piel, lastimándola, haciendola llorar lágrimas.
Elena. Le llamó su madre; Joana sabía que su hija sufría, la conocía mejor que nadie en el mundo.
Largate. Dijo con amargura.
Joana, no chisto.
¿De qué sirve vivir, si eres inféliz? Una voz malvada y fría (la parte loca de Elena); la chica sintió una leve punzada, estaba seca, había acabado con su subministro de agua.
No sé. Dijo en un hilo de voz. Esto es una puta mierda, ya se me a quitado hasta el privilegio de chillar. La chica estaba sufriendo de una cólera terrible, la rabia se le subia a la cabeza.
Elena, olvidó la razón de su llanto, y enojo... Lo sé. Dijo cuando recordo el motivo. El mundo es féliz y no comparte su felicidad conmigo; dios no existe, pero se me a obligado a rezarle a la nada; estoy enojada por que no conosco el amor, y estoy enojada porque no creo que un músculo pueda amar... Limpió las mejillas húmedas y volvió hablar con su reflejo. Y me odio por no ser fuerte e indiferente... Me odio por creer en un dios que enriqueze vírgenes, y fomenta el odio; me odio por amar locamente a un hombre, que solo busca el placer.
A la mañana siguiente, Elena, se levantó con una sonrisa; rezo a dios y amo a su hombre; la chica comprendío que esa era su mundo , esa era su locura y estaba dispuesta a vivirla

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