14 jul. 2013

El Centurión Solitario.

La historia se basa en el capítulo "The Big Bang" escrito por Steven Moffat para la serie Doctor Who. Se localiza poco antes de los sucesos pasados en dicho capítulo, suponiendo que la caja de Pandora hubiese sido expuesta primeramente en algún museo de Estados Unidos. Quise crear un tipo drama entre Rory y este personaje creado por mí, dándole un poco más de vida a este Centurión de plástico y tratando de insinuar que tal vez Amy no sea la única capaz de recordar. Espero y lo disfruten.

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La boda de Lily Luna Potter

Disclaimer: La siguiente historia se basa en las novelas de J.K. Rowling. ATENCIÓN. Mi nueva OTP es Lily + James, cuidado, que hablo de los hijos de Harry Potter. No presento contenido sexual.

Puedes encontrar este relato en Fanfiction.

Cambios.

Última entrada publicada el "30/01/11" ¿A pasado mucho tiempo? Yo creo que sí. No sabría decir por qué deje de escribir, tal vez en aquellos años sí lo recordaba, pero hoy sólo lo puedo asociar a la falta de tiempo, ya que mis días fueron succionados por los foros de rol. Qué tristeza, no recordaba que tenía este lugar para desahogarme y por ello recurrí a la exposición vía twitter, pobre de mí y de mis seguidores. 
Leo mis antiguas entradas y me rio a carcajadas de la pésima ortografía (la cual a mejorado poco, eso creo) que en aquellos tiempos tenía, cuando escribía "asia" o utilizaba de forma indiscriminada el punto y coma ";" tratando de parecer la persona más diestra con la dramática, cuando, en realidad, no soy ni un poquito buena en esos casos. En aquellos tiempos estaba verdaderamente influenciada por Crepúsculo, ah, qué risa. Soñaba con vampiros, aunque eso no ha cambiado mucho, ahora mi gusto va para caníbales y detectives con trastornos mentales, pero bueno. No creo que vaya a seguir con las historias que tenía, sinceramente no lo voy a hacer (digo, por si tenían el pendiente) pero dejaré ahí los capítulos, presumiendo mi horrible habilidad para escribir. Siento que me engañaría a mí misma si las eliminase. 
No sabía que era emo, "Por que, mi vida, a sido una mierda." ahora me doy cuenta que tuve mis arranques suicidas y depresivos. Ay, qué vergüenza. ¿Cuántos años tenía yo en aquellos días? Quince ó dieciséis, si mis matemáticas no me engañan. En fin, tal vez vuelva a escribir para este blog, lo más probable es que copie y pegue historias realizadas para fanfiction, pero algo es algo. Me despido, por ahora.

30 ene. 2011

Capitulo I

Eran ya las tres de la mañana y yo todavía no llegaba a casa; caminando rápidamente y sin mirar a los alrededores atravesé la primera cuadra obscura que se me atravesó por el camino.
Había algo en mi vestimenta que no cuadraba, llevaba puesto un suéter de color azul cielo y unos vaqueros  deslavados… yo no tenía ropa como esa, era bonita, pero no recuerdo haberlos notado en mi closet o haberlos comprado.
Mis pensamientos se entretuvieron y casi ni note que acababa de equivocarme de camino. Me detuve en seco —Me parto… — dije a lo bajito y me mordí el labio inferior. Cuando trate de darme vuelta y regresar a mi camino original algo llamó i atención; algo que hubiera preferido no ver.
A unos cuantos metros de mi; debajo de la luz de un farol, un niño de estatura baja; cabellos rizados y negros; vestimenta un poco antigua, parecía sacada de los años 70’s; me observaba lunáticamente, mirándome a los ojos.
De mis labios salió un pequeño sollozo y casi por instinto me lleve las manos al vientre.
El niño se acercaba a donde yo estaba parada; tenía unas ganas enormes de echarme a correr, pero mi maldito cerebro —Lo llamaré Pedrito ya que parecemos personas distintas — no ando señales a mis pies, dejándome como una estúpida estatua de mármol, helada por el miedo.
Los pequeños zapatitos de charol rechinaban a cada paso que el niño daba; jamás había sentido pavor por unos zapatitos.
A medio metro de distancia, el niño dejo de moverse; su pequeña cabeza se inclino a la derecha y siguió la tarea de acosarme con la mirada.
—Tus ojos… son violetas — dijo juguetonamente. La carrera de acercarse a mi continuó, pero esta vez mis pies actuaron por instinto y se anduvieron a la carrera.
Comencé a correr; algo que siempre odie de mi, fueron mis estúpidos y torpes pies.
Al poco rato me cansé, incline mi cuerpo un poco para tomar una bocanada de aire y continuar la carrera, pero algo me jaló tan fuertemente que me tumbo dos metros hasta el asfalto, fue entonces cuando observe sus ojos color amatista; peligrosos y lunáticos.
— ¡No! — chille mientras luchaba con aquel monstruo. Aquello era el niño, pero con forma distinta; más grande y con ojos de diferente color; era un hombre.
El monstruo se tiro sobre mí, y yo continúe chillando, sus garras atravesaron la piel de mi dorso y brazos dejando caer grandes cantidades de sangre; la sangre ardía como ácido y el monstruo continuaba atacándome con sus garras.
—¡¡Esther!! — el gritó de Xavier me despertó de aquella pesadilla.
Me sentía mareada y débil; Xavier tomo mi rostro entre sus manos, con una intención de hacerme reaccionar.
— ¿Estás bien? — Me limité a negar con la cabeza — Estás sudada… todo está bien, solo fue una pesadilla — por alguna razón, las lagrimas salieron de mis ojos; en ese momento, sentí mucha vergüenza y hundí mi cara en su perfecto pecho; él jugaba con mis cabellos y esbozo una sonrisa traviesa —, eres una niña tonta.
— ¿Por qué? — mi voz sonó un poco gangosa a causa de las lagrimas.
—Si prometes dejarme dormir bien, te lo contaré en la mañana — Xavier besó mi frente y nos recostamos de nuevo. La luz de la luna que se filtraba por la ventana, iluminaba bellamente el rostro de Xavier; él era simplemente perfecto, guapo, gentil y me amaba; en ese momento sentí tantas ganas de amarlo y de sentirlo conmigo, que como una hambrienta bese sus labios dejándole a entender la necesidad de mi cuerpo, una necesidad, la cual no tuvo el menor inconveniente en sesear.
Los rayos del sol matutino, quemaban la desnuda piel de mi espalda, el despertador comenzó a sonar y no hubo otro remedio que despertar, abrí los ojos lentamente y como era de esperarse Xavier me observaba mientras dormía; allí estaba recargando su peso con el hombro y atravesándome con esa mirada tierna de sus ojos café claro.
—Más te vale tener pesadillas, más seguido —dijo con tono bromista y beso mi mejilla; de pronto se me escapo una sonrisita.
Nos volvimos a besar.
—Mejor me voy a bañar, porque no quiero perder toda la mañana — me levante de la cama en cuclillas, lista para tomar un baño.
El frío apenas y se sentía, solo faltaban unas semanas para que llegaran los suéteres y chamarras  del grueso de un oso.
El agua de la regadera, estaba fría, parecía que la mismísima agua de los polos, estaban tocando mi piel, la cual se había puesto de gallina, al estar en contacto con el agua glaciar.

11 ene. 2011

Noche estrellada II

La alarma, del despertador aturdió mis dulces sueños. Me levante de la cama un poco aturdida, toque mi cabeza; mi mirada se desvío hasta el espejo de mi peinador... lo que miré fue extraño.
Mis ojos estaban relucientes, no había ojeras, causadas de tanto llorar, estaban llenas de un brillo singular. Mi cabello, apenas y se podía clasificar como, "arruinado", excepto por un par de  mechones rebeldes.
Ese día desperté hermosa.
Tome mis pantuflas rosadas, colocandolas en mis pies; camine hasta el baño, con el mero propósito de lavarme el cuerpo.
Abrí el agua caliente, mientras me desvestía, podía ver como el cuarto se llenaba de vapor. Termine en cueros y entre a la ducha. Cuando mi piel estuvo en contacto con el agua, pude sentir como los músculos se relajaban; llene se shampoo mi cabello... "mm... manzana" pensé mientras masajeaba mi cuero cabelludo. 

Me parecía un poco extraña, la manera en la que amanecí esta mañana... demasiado... reluciente. Era algo poco común en mi, en general amanecía con cabellos de perro, rostro desgastado, y un humor nada agradable.

Un par de recuerdos llegaron a mi cabeza; un sueño.
Estaba en un campo lleno de trigo, la luna y las estrellas iluminaban todo el lugar, una vista asombrosa, yo estaba recostada en el suelo, y un viejo a mi lado.
—Ves... — dijo indicando el cielo. Yo le hice caso. ¿Quién sería? tal vez alguien que mire en el supermercado. El viejo tenía apariencia muy peculiar a la de un hombre de 40 años... cabello corto; cejas pobladas; piel un poco arrugada, con un color moreno. — allí esta Sirio, ese será tu objetivo — recuerdo que yo sonreía de manera muy entusiasmada.
—¿Cuando comienza el viaje? — me reí. Estaba recordando uno de mis sueños más estúpidos... un viaje, al espacio. 
—El día en que seas una cazadora — eso era todo lo que recordaba del sueño. 
¿Una cazadora? ¿De extraterrestres? 
Me reí. 
Termine mi baño, y me dispuse a arreglarme.

—Buenos días — mi madre me observo de reojo mientras terminaba de freír un par de huevos. En la mesa se encontraba mi hermano Julio, un niño de sexto grado que le encanta el anime y la violencia del Boxeo, tragando un gran plato de cereal.
—¿A que se debe ese buen humor? — dijo mi madre con una media sonrisa. Yo le lance una mirada, dejando en claro que no contestaría su pregunta. Julio, me observo mientras metía una cuchara a su boca. Puse los ojos en blanco y me senté en la mesa, jugando con una servilleta.
Mi madre, me sirvió los huevos y un vaso de zumo de naranja. Moví la cabeza dándole las gracias; la mujer tomo asiento y me miro.
—¿A llamado? — le fulmine con la mirada. ¿Siempre tenía que ser así? quería saber todo de mi vida, y eso me ponía mal.
—Da igual... — Julio, observaba aquello, con bastante diversión. Le saque la lengua. 
—Bueno — dijo mi madre mientras se levantaba de la mesa —, pero luego no quiero que andes chillando.
—Uuuhh — se burló Julio. Le lance un pedazo de huevo a la cara. — ¡¡Mamá!! — Chilló. Mi madre se regreso a mi lado y me golpeo en la cabeza.
—Eso te pasa por pen... — la diciplinante alzo la mano, lista para golpearme en la boca por mi mal vocabulario.
—Dios... — me levante de un salto. — se me hace tarde — salí corriendo hasta la entrada y cogí mi mochila.
—¡¡Lil!! — grito mi hermano. Pare en seco, tenía que esperarlo, su colegio estaba cercano al mio, así que nos íbamos juntos.
El niño corría mientras cargaba una mochila, se escuchaba como botaba la caja de colores, más grande que él.
Julio, se parecía mucho a mí en físico. Delgado, de piel blanca; ojos azules, cabello negro; y un poco enano.
— Apresúrate — no hacía falta recalcarlo, pero la costumbre. 
Ambos caminamos sin decir alguna palabra; solo el sonido de su caja de crayones, botando a cada paso, y el trafico.
—Entonces... — dijo mi hermanito. Yo le lance una rápida mirada. — Sebastian, ¿Te dejo? — la pregunta me molesto bastante, pero era más que obvio que me preguntaba por pura duda.
—No — puse un par de cabellos en mi hombro. —, se tubo que ir, solo eso.
—Hermanita, no te preocupes — tomo mi mano y la beso. Me reí de su gesto. —, el Jose, está enamorado de ti ya van varias veces que me dice — me reí con más fuerzas al recordar al amigo de mi hermano; un niño realmente enano, con agujeros en sus mejillas y de cuerpo robusto... siempre los molestaba pellizcándole los cachetes... creía que le desagradaba — "Cuñado" y toda la cosa — mi hermano se río de una manera bastante inocente.
—Pues dile al Jose, que le amo — no aguantaba la risa... 
Mi hermano asintió.

—Perdón... — dijo una voz, proveniente de un auto Tsuru modelo 1997 de pintura color rojo un poco gastada, los vidrios polarizados — ¿El Colegio de bachilleres? — preguntó la voz... ese era mi colegio, cosa obvia ya que llevaba puesto el uniforme de la escuela.
—Sigue derecho a dos cuadras — dije con voz fría. Julio, tomo con fuerza mi mano; la ciudad estaba viviendo gran inseguridad, ese hombre podía ser un pederasta o un secuestrador... o peor aún... un político.
—¿No quieres un aventón? —.
—No gracias— tenía miedo, seguí andando.
—Insisto — el coche nos emparejo.
—Sabe que... váyase a la mierda —.
—No te detengas — le susurre a mi hermano. Él asintió y se aferro a mi, esperando algún ataque. 
El auto continuo su camino; mi hermano y yo respiramos.
Después de aquel susto, mi hermano entro a su escuela; era hora de ir sola.

Las risas y gritos se escuchaban más fuerte, mientras me acercaba.
—Lila — me llamo mi amiga Mónica; le salude con la mirada y ella sonrío; a su alrededor se encontraban, María, Luisa, Rolando, Jesús, y Adrian; ellos eran mis amigos.
Me fui a donde ellos estaban.
—Hola a todos — el grupo se río.
—Mira... el nuevo maestro de Física — dijo Adrian. Todos nos volvimos hasta el estacionamiento. Un hombre estaba recargado en el Tsuru, misterioso.
—Mierda! — dije mientras me jalaba los cabellos — acabo de decirle que se jodiera — lance una risita nerviosa, al ver que mis amigos estallaban en risas —, yo creí que quería secuestrarme.
—La jodida sera otra — Luisa, tenía razón... de seguro yo sería la jodida.
La campana timbro. 
—Primera clase... — dijeron al unísono.
—... Física — dije resignada. Adrian, me abrazo y caminamos juntos hasta el salón. Mónica, Adrian, y yo, asistimos en el mismo salón... 107m. los demás estaban en diferentes secciones.

Entramos al salón. Lo único que quería era que el maestro no me reconociera... cosa imposible, ojos azules, piel blanca y cabello tan negro que tiene reflejos azules... imposible, estaba jodida universalmente.
—Buenos días — se escucho una voz masculina llena de respeto. Escondí mi cabeza en el pupitre, un poco avergonzada.
—Comenzare tomando lista — el hombre comenzó a decir los nombres en orden alfabético.
—Lila Cardozo —.
—Presente — dije tratando de cambiar mi voz, y con la cabeza todavía agachada.
—No te veo niña... levante el rostro por favor — a lo lejos pude escuchar las risitas de mis amigos. Levante el rostro y mi mirada se encontró con la del viejo... quede boquiabierta.
—Es él... — el volumen de mi voz solo podía ser escuchada por mí.
—Bueno... tengo que decir que muy buen acto... usted sí que supo emplear el dicho "No aceptes dulces de extraños" — Dijo en tono de burla mientras me sonreía. Sonreí.
Ese hombre era el de mi sueño. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
—Mi nombre es, Ramiro Torres — se levanto y en sus manos llevaba el libro de texto de la clase.
—el gobierno me a asignado una tarea con ustedes muchachos, México carece de conocimiento de astronomía — mierda —, y yo vengo aquí  a darles una breve introducción de astro física, más física que astro — la clase sonrío con él.

No podía creer aquello, era el mejor déjà vu que jamás haya tenido. El mismo hombre, y la clase... 
Debía ser una coincidencia, o, una trampa de mi subconsciente. 



 

8 ene. 2011

El Vampiro

Lo amo, quiero mantenerlo entre mis brazos y observar la vida del muerto, con él.
Sus labios me saben a sangre, sus ojos son como el espejismo, y su voz como el último grito.
Por que él, es un asesino, un animal que mata por su vida.
Toma mi rostro y lo besa con pasión. Suspiro. Sus labios bajan hasta mi barbilla y se posan en mi cuello; una lengua, caliente, palpitante, comienza a tocar mi yugular, disfrutando los grandes ríos de sangre que pasan por el.
Sus colmillos traspasan mi piel, y dulcemente comienza a succionar. Solo escucho como me arrebatan la vida.
Y así como la mujer se viste de blanco y entrega su virginidad, yo entregare mi vida, vistiéndome de luto y disfrutando esa luna sin miel.
Mi cuerpo cae al suelo; con voz débil susurro un "Te amo"; el vampiro me observa, y sonríe al ver a su víctima; mi corazón se debilita y mis pulmones inhalan la última bocanada de aire.
Cierro los ojos.
Hace unas semanas, me moría de hambre... hoy solo aclamo sangre.
Disfrutando siempre de una misma luna, sin observar la luz, y bañándome de muerte... así vivo el amor... y así vivo la muerte.

La piel arde, el corazón llora.

Detrás de mi ventana, observo a la gente pasar;
despreocupados sin tener consciencia, que a su lado una chica, esta a punto de morir.
Tomo entre mis manos aquella cuchilla que cortara el hilo, que me une a esta vida, esta mierda de vida.
Por que, mi vida, a sido una mierda.
Llorando y viviendo del amor, condenada a amar a una persona que me hace tanto daño.
¿De que sirve vivir, si solo sientes el dolor?
Ese dolor que se manifiesta como alcohol y se filtra por esas heridas, que solo el amor puede causar.
La piel arde, el corazón llora.
El tiempo amenaza con cobrar factura, la muerte se acerca con una dulce danza, mientras la sangre sale de mis muñecas. Sonrío.
Mis pies, comienzan a elevarse; estoy volando.
Mi alma esta cansada y quiere dormir, dormir para la eternidad.